martes, 19 de marzo de 2013

Un socio nada honorario

El volante que se repartió frente al club, el día de la visita de Roberto Viola.


Cuando Nicolás, mediante las líneas que siguen a continuación, saca a la luz hechos que nos muestran los costados más oscuros como sociedad, nos abre una puerta para reflexionar sobre nuestro pasado reciente comprometiéndonos a actuar en consecuencia. Hoy que todos sabemos las atrocidades que cometieron los criminales que gobernaron nuestro país de 1976 a 1983, no podemos permitir que el honor y los sueños de los que fundaron el club junto a sus actuales simpatizantes sean rozados por la acción mezquina de algunos miserables. En una pared en la calle Monteagudo de Parque Patricios estaba escrito: “Las heridas de los pueblos cicatrizan con justicia”. Que así sea.

Claudio Morresi (ex jugador y técnico de fútbol, actual Secretario de Deporte de la Nación).

La memoria no se Viola

Claudio Morresi encabeza el acto en el que se le quita a Roberto Viola la condición de socio vitalicio de Colón.

El jueves 16 de junio de 2011, Colón se reconcilió con su historia. El pedido de disculpas llegó tarde. Pasaron 30 años desde aquel día en el que Roberto Viola fue declarado socio vitalicio de la institución, y poco más de cuatro desde la publicación de la nota que reconstruyó aquel homenaje que la dirigencia rojinegra le brindó a uno de los ideólogos del golpe de Estado de 1976. Pero la importancia del gesto excede largamente la del paso del tiempo. “El sueño que tuvo tanta gente en Santa Fe cuando fundó este club no puede ser manchado con la actitud mezquina de unos pocos que buscaron defender un interés deportivo con la ayuda de uno de los jerarcas de la dictadura”, afirmó Claudio Morresi, Secretario de Deporte de la Nación, en el acto que se desarrolló en el playón de la institución y en donde se le quitó a Viola su condición de socio vitalicio.

El General tiene quien le escriba


El interventor de la AFA le comunica a López Aufranc la reafiliación de Unión.

Un día Dios estaba muy preocupado. Cavilaba sentado a su escritorio, sobre el que permanecía abierta una vieja carpeta ajada, como ya había visto muchas en su penosa tarea de administrar justicia sobre los más tenebrosos pecados de la Tierra. San Jerónimo, que lo conocía bien, supuso que su semblante entristecido se debía a la renovada comprobación de los triunfos del diablo, capaz de estimular la soberbia sableada de los estrategas de la traición, los embriagados bebedores de sangre, los empleados del mes en las cursadas cipayas de tortura y martirio humano. Miró la carpeta San Jerónimo y, sin necesidad de abrirla, reconoció caritas de estudiantes muertos, enjambres de sindicalistas que habían volado rápidamente al Cielo desde el fondo del río, livianos de armas y soplados por sus ideales.

Dios lo miró y le dijo:

– ¿Sabés qué pasa, San Jerónimo? Yo quiero ser justo. Y este pervertido una vez ayudó a Unión de Santa Fe. ¿No te parece que debiera considerarlo, antes de mandarlo directamente al infierno?

– Señor  -se sinceró el Santo- a este hombre no lo salva ni la reafiliación de Unión de Santa Fe. No se salvaría del fuego eterno ni aunque Colón y Unión volvieran a jugar bien, como en los buenos tiempos.

Dios asintió, comprendiendo. Cerró la carpeta. Y decidió que desde ese día San Jerónimo fuese para siempre el Patrono de la Ciudad de Santa Fe.

Horacio del Prado (periodista de La Razón y Radio Nacional, escritor, guionista de radio, televisión, cine y teatro y autor del libro “100 ídolos porteños”).