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lunes, 18 de marzo de 2013

La barra que “fue para atrás”



La historia de este relato la tengo siempre presente porque, vaya uno a saber por qué, el medio de comunicación que se ocupaba de todas las cosas del fútbol (en una etapa un tanto embrionaria, eso sí) se la agarró con ese partido entre Unión y Banfield, casi como si se tratara del test de la decencia deportiva nacional, en un país, convengamos, cuyas prácticas no eran demasiado decentes. Se dijo mucho en todo el país sobre ese partido. Lo que más me tocó fueron los testimonios de Unión, quienes manifestaban su genuino desconcierto y, así, eran una metáfora de la indefensión de la gente frente a los poderes constituidos y avalados selectivamente por el Estado. Aquellos muchachos hicieron lo que pudieron y sus conciencias están mucho más limpias que las de muchos que se llenan el buche con una dignidad que nunca ejercieron.

Pablo De Biase (sociólogo, periodista, colaborador de Un Caño y editor de la revista Umbrales de América del Sur).

El día que los hinchas rompieron sus carnets


En el fútbol, como en la vida, hay cosas que no se perdonan. Dos de las más dramáticas están presentes en esta historia, una como sospecha, otra como furiosa réplica: la inaudita deslealtad de obrar contra los propios intereses, y el hecho de renegar, aunque sea en un instante de ira, de un sentir genuino. Que un jugador traicione su divisa, esa sola idea, es una mancha que nunca se borra. Que un hincha destroce el documento que lo acredita como dueño de una pasión, su solo recuerdo, es causa de candorosa vergüenza. Quizás la posible falta de voluntad de unos fue motivo de apasionados actos involuntarios en otros. Es decir, un par de códigos quebrantados, y sus implicancias.

Germán Ulrich (periodista de Télam y autor del blog Salamanca No Presta)

El “despojo unionista”

La tapa del diario El Orden, tras la derrota ante Quilmes.


La descarada participación que tuvo el juez Máximo Aguirre en el partido que Quilmes le ganó por 3-2 a Unión en el torneo de Primera B de 1949 demuestra claramente la corrupción que vivía el fútbol argentino y que provocó, por aquellos años, la decisión de expulsar a los árbitros argentinos y reemplazarlos por colegas británicos. Claro, esto sucedió en la Primera A, mientras que en las categorías de ascenso nada cambió. Por esa razón, personajes como Aguirre siguieron dirigiendo y decidiendo a quién favorecer y a quién no. El ingreso de los jueces ingleses, escoceses y galeses introdujo una significativa serie de cambios, desde los números en las camisetas hasta partidos con resultados inesperados. Es decir, no siempre pitaban para los poderosos. Unión debería esperar 17 años más para jugar en Primera A. Lo merecía desde mucho antes.

Alejandro Fabbri (periodista de TyC Sports, autor de los libros “El nacimiento de una pasión, historia de los clubes de fútbol”, “Historias negras del fútbol argentino” y “Nuevas historias negras del fútbol argentino”).

El día que Colón se fue del Cementerio


Loustau, de brazos cruzados, observa mientras los jugadores Sabaleros se retiran de la cancha.

Nunca pude definir con certeza si tengo que lamentar profundamente el no haber presenciado aquel tristemente célebre episodio o si por el contrario tengo que sentirme agradecido. Me enteré de lo ocurrido en el aeropuerto de Sauce Viejo. Yo venía de trabajar en la cancha de River, donde había jugado Unión, y el plantel de Boca esperaba para embarcar y regresar a Buenos Aires. Fue el “Loco” Gatti quien me contó -entre asombrado y atribulado- aquella absurda y criticable decisión de los jugadores sabaleros de retirarse de la cancha con la triste excusa de sentirse perjudicados por el arbitraje de Juan Carlos Loustau. Una auténtica locura. “¿No te enteraste?”, me preguntó Hugo. “¿Sabés lo que pasa loco? el tachero venía escuchando la FM Tango y desde el Monumental hasta Aeroparque nos empachamos de Troilo con Goyeneche y Cárdenas”, le respondí. El 26 de julio de 1981 se escribió una de las páginas que más daño le hicieron a la ilustre historia colonista. Lo que nunca pudo descubrirse es quién fue el ideólogo de semejante locura.

Oscar Bergesio (periodista, comentarista de LT10 Radio Universidad)

Apagón Tatengue y salvación

Los hinchas festejan el triunfo salvador, ante Sarmiento, tras el corte de luz.


Ángel Cappa suele decir que el descenso no es una tragedia. Y cuánta razón tiene Cappa. Y cuánta razón no tiene Cappa. En la alta competencia, y a veces en la competencia no tan alta, el descenso deportivo viene acompañado de lastres materiales y simbólicos. De los primeros se hacen cargo los dirigentes: descuentan que bajar de categoría equivale a penurias financieras y acaso a disolución institucional. De los segundos se hacen cargo los hinchas: descender equivale a una deshonra que recorre las vísceras, taladra el cerebro, mancilla el alma. En el medio, los jugadores, los más puros o los más impuros según soplen los vientos. De tal suerte, aceptar hidalgamente el descenso o impedirlo llueva o truene depende de cómo se tramita la máxima de Quintiliano: la conciencia vale por mil testigos.

Walter Vargas (periodista y sicólogo social, autor de “Regreso del llanto” y “Perchas flojas”, actualmente se desempeña en diario Olé y la agencia Télam).

El soborno de Anello

Francisco Anello, uno de los presidentes más importantes de la historia de Unión.

El fútbol, esa religión pagana generadora de pasiones y capaz de albergar en su reino a cualquier mortal, indiferente de su sexo, edad, raza, credo o posición política, tuvo desde siempre la capacidad de reflejar las mayores virtudes y los costados más miserables de la sociedad. Y esta es una deliciosa historia en la que se muestra cómo la pasión llevada al extremo, cruzando la frontera de la picardía a la ilegalidad, termina por dañar lo que se ama. No de casualidad el episodio sucede en un momento muy especial de la Argentina, que significó el final de la década infame y sus acostumbrados fraudes, y el alumbramiento de un movimiento social, representado de forma simbólica por el ascenso a la tan ansiada Primera División de los grandes de Buenos Aires. Y como frutilla del postre, las imperdibles perlas del candoroso reconocimiento de la trampa por una gloria del fútbol y el doble rasero de la justicia, que por deportiva no deja de exponer sus contradicciones.

Emilio Coppolillo Bianco (periodista de Télam).